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  • Renato Sáenz

Ciudades Internas

A veces sueño con ciudades internas, construidas de recuerdos, frustraciones, inventos, adoquines comestibles. Ciudades caminables, hermosas y horrendas a la vez, pero reales, en las cuales es posible soñar, hablar nuevos idiomas descubribles entre mares y olas de libros y olores calientes y verdes hojas estáticas. Ciudades dominadas por el amor, el optimismo y la prosperidad. Ciudades que existen en ensueños y que descubrimos con valentía, construidas de fragmentos de memorias y vibraciones mentales.

Esos sueños, en el plano físico, podrían traducirse como anhelos de una fuga geográfica buscando un mejor estilo de vida, siguiendo inconscientemente la trillada receta de un lugar mejor, y si bien es cierto, dicho éxodo se constituye una realidad actual en nuestro planeta, pienso y siento que el camino es más interior y por ende más directo.


¿Y porque ciudades? ¿Será porque es mi manera particular de ver las cosas al ser “Arquitecto y urbanista”? (O al menos así me definió por un largo tiempo la colilla de orden patronal.) ¿Será esa obsesión con dichas estructuras hipercomplejas diseñadas, utilizadas, amadas y vandalizadas por el ser humano que abarcan desde la perfección hasta el caos absoluto, uno de los más importantes símbolos del avance o retroceso humano, un reflejo de las capacidades o incapacidades humanas de convivir como especie? Ahora bien, si nada ocurre fuera del momento presente, me atrevo a decir que tampoco nada ocurre hoy fuera de las ciudades, ya que el planeta entero se puede considerar una Meta-Ciudad del todo explorada, mapeada, observada satelitalmente, levantada topográficamente, conocida y ultrajada por el ojo observador, que según la física cuántica destruye o manipula el comportamiento fluido y natural de los eventos.

Gato y Huevos - Tinta acuarelada sobre papel - Renato Sáenz 2019 (Barrio Latino, París)

Anhelando un mejor futuro en el presente


En todo caso, y continuando con el símbolo ciudad como referencia ¿cómo se construye un futuro sin tener conciencia del presente? Sin tener la certeza ineludible de que ese futuro será también un presente cargado de su bagaje, y que, sin no le quitamos el componente de ansiedad, nunca seremos satisfechos y seremos adictos a nuevos “futuros” idílicos perpetuamente. ¿Cuál es el deseo de huir hacía una mejor ciudad si no sanamos nuestra "ciudad interna"? Entendida cómo esa forma personal de percibir las cosas y vivir en comunidad.


Y, además ¿Adónde más se encuentran esas hermosas ciudades si no es en nuestro interior? Cómo logramos entender que tenemos el poder de convertir nuestra realidad, cualquiera que ella sea, en algo mejor, dado que la realidad que observamos en el “exterior”, es una proyección de lo que llevamos dentro. Y por fortuna tenemos el poder de elegir ver cosas mejores, cambiar la actitud mental para construir belleza con amabilidad, tolerancia, respeto y con suerte algo de paz interior.

En muchas ocasiones he sido víctima de esos anhelos fútiles, apoyado por el mercadeo de imágenes estáticas perfectas, de lo que debería ser la felicidad: espacios diáfanos, arquitecturas magníficas, ciudades y vidas imposibles, ubicadas en tiempos futuros inalcanzables.Vacía mercadotecnia para incitar al deseo, al consumo dentro del sistema del cual somos cómplices en la coyuntura existencial planetaria potenciada además por la sobreabundancia de información y una sobredosis de bombardeo mediático muchas veces manipulador.

Esos anhelos no están a nuestro alcance por el simple hecho de “no estar en el presente”. Y que irónico además que el presente sea eso: “un presente" (un regalo) que muchas veces despreciamos por falta de compenetrarlo, por falta de conciencia de su existencia incesante. La buena noticia es que abunda, el presente abunda en riqueza, y más importante aún tenemos la reconfortante certeza que nunca nada ha ocurrido ni ocurrirá fuera de él.


Y si bien no vivimos en ciudades perfectas, porque ninguna lo es, siempre existirán en ellas rincones apacibles, momentos mágicos, caminatas agradables con brisas que asombran, sorpresas por descubrir, peligros por sortear, bullicios incontrolables, idiomas mal masticados e historia plagada de ilusión.

A manera de conclusión los invito a disfrutar muchos y gratos momentos presentes en esas ciudades físicas y a verlas con otros ojos, proyectando desde adentro una nueva experiencia más fresca y optimista. Y además si así lo desea puede hacer un comentario abajo acerca de su ciudad actual. Gracias por el tiempo.


Vista del Museo de Louvre desde el Museo D'Orsay, Paris Francia - Foto Renato Sáenz 2019

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