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  • Renato Sáenz

La Abstracción como Pasión

Actualizado: 19 ago

Y realmente yo no escogí las flores cómo tema, ellas me escogieron a mí. Parecieran tener vida propia y el deseo de salir del lienzo en blanco para materializarse y existir por un tiempo. Ellas son una metáfora de la vida, belleza temporal. Su energía de crecimiento desinteresado y altruista me sirve de guía para explorar niveles de abstracción.



Los colores son mi guía y el tema de flora funciona cómo el pretexto perfecto para explorar amplias gamas cromáticas. Jugar con el color y empujar los límites de lo posible es una tarea emocionante. El paisaje es un facilitador de la abstracción, me permite jugar con trazos repetitivos y arbitrarios que en su disposición llegan a conformar una imagen reconocible a la manera de un postimpresionismo o puntillismo, pero de maneras más abstractas.


La abstracción es mi pasión, es como un juego personal con reglas propias. Pero cómo todo juego se requieren otros jugadores y es ahí donde se torna colaborativo ya que mi abstracción no puede ser del todo antojadiza, sino que debe ser una forma de comunicación con los otros jugadores en el tablero (los espectadores de la obra) que con su mirada completan la obra y la mejoran, la "terminan", o más bien, la siguen modificando a lo largo de los años mientras conviven con ella.


Me apasiona trabajar de manera intuitiva, desde la imaginación. Tengo la intención de muy pronto, en mi nuevo espacio/estudio probar ir a pintar "en plein air", sin necesariamente con el afán de copiar un sujeto específico, sino más bien de sentir la brisa y la luz natural directa sobre los materiales, colores, papeles y lienzos.


Hay una relación simbiótica y desinteresada entre la obra y su espectador, una relación de amor puro en la cual ambos se benefician, la obra por su parte perdura y crece simbólicamente y el propietario de la obra se beneficia de ese crecimiento. Ambas partes adquieren valor, se retroalimentan.

El valor que la persona confiere a su obra la hace crecer con el tiempo, madurar. En torno a la obra se genera discusión, interpretación, un sentimiento de atemporalidad y espacio para filosofar y soñar.


La abstracción, la sensación de lo inacabado genera un ambiente de crecimiento infinito de la obra. Con el asombro de un bebé feliz, el espectador se pasa la vida entera terminándola con su mirada, descubriendo detalles e interpretaciones nuevas con el paso del tiempo, y al mismo tiempo, con esa ambigua certeza de que la obra siempre estuvo terminada, que cada detalle es y siempre fue perfecto.


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