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  • Renato Sáenz

La Máquina y sus Modalidades

Actualizado: 19 ago

Soy cómo una máquina de creación, que a veces necesita descansar y no sabe cómo hacerlo. Sólo existen dos modalidades en la configuración de los engranajes de esa máquina: el modo creativo/creador y el modo receptor/pasivo.


En este momento, mientras escribo, identifico estar inmerso en el modo creador, aunque mi cuerpo me pida descanso. Por otro lado, la parte receptora se encarga de la observación, sin juicio de lo que simplemente es, la aceptación absoluta de la existencia y sus trajines y dramas. Si solo observo sin protagonizar el drama mental, existe la paz, el silencio gigantesco y la certeza de ser parte de algo más grande. El silencioso observador es el verdadero ser desligado de la identificación con la mente, el pensar que somos la mente. ¡Vaya mente engañosa!, que sólo desea y desea, no habiendo nada que desear pues ya lo tengo todo y soy completo.


No tengo la energía para pintar en este momento, ni para tocar música, pero si puedo narrar lo que siento en éste cuaderno, y eso a su vez es crear. A veces descubro que a mi mente le gusta empezar por el final, escribir de derecha a izquierda en las hojas de los cuadernos, saltar sin escrúpulos de un lado al otro para poder entender el cuadro completo en un proceso no lineal de creación.


1 de 7. Dibujo acuarelado 2019. (Realizado en Amsterdam, Holanda) Renato Sáenz

Cuando leo, cuando veo alguna película, me siento más en la vertiente pasiva/receptiva. Y me parece muy importante, cada vez más, poder identificar cuando estoy en cada uno de los modos y cuando necesito mas de uno que del otro, ambos son esenciales y se complementan.


A veces los modos de la máquina entran en conflicto, mi mente quiere crear cuando claramente mi cuerpo necesita una desconexión total, y en ese desbalance hay caos e insatisfacción, se pierde la comunicación entre las partes o hemisferios si hablamos de la parte del aspecto neurológico o mental.


Cedar la mente con sustancias intoxicantes solo agrava el conflicto y el desequilibrio, pero ciertos hábitos son difíciles de sortear con mesura, y pues, no me quejo tanto, todo es parte del proceso de desprogramación en el que todos estamos. Hay mucha identificación con viejos patrones aprendidos y soltarlos duele, cómo si se tratase de traicionar a viejos amigos a los cuales por costumbre queremos satisfacer a toda costa, aunque en haciéndolo salgamos trasquilados. Son como reprocesos sempiternos que se repiten sin cesar, nos programan y programamos para luego pasar años haciendo lo inverso.


Sólo doy gracias al Creador o al Universo por la capacidad que me da de cuestionarlo todo y seguir creciendo en esa coyuntura cósmica/existencial. Porque si hay algo que sobra en la existencia es la evolución, vehículo en el cual estamos moviéndonos siempre hacia adelante, creciendo siempre a pesar nuestro. Y Digo a pesar nuestro porque somos tercos, humanos tercos, intensos e identificados con la mente. ¡Linda raza escogimos ser!, una raza con mucha evolución por delante pero que se cree “la tapa del perol” ¹


¿Un bello engaño para el ojo?


¿Y si las artes visuales no son mas que un bello engaño para el ojo? ¿De que valdría la pintura si fuéramos ciegos? Privados de nuestra visión. Quiero auto responderme esta incógnita “perhapios” ². Todos los conceptos principales de la pintura se pueden traducir de alguna manera a la percepción del no vidente, textura, composición, etc. El color se podría traducir a, por ejemplo, las notas musicales con diferentes intervalos de vibración energética que resuenan en nuestra alma para brindarnos sensaciones y un despertar de conciencia estética directo a nuestros sentidos y que se manifiesta en nuestro cuerpo físico.


"Amarillismo" Acuarela y tinta soobre papel. 30 x 46 cms. 2022

Son traducciones del mismo lenguaje a diferentes idiomas. Quizás los órganos (ojos) no sean después de todo tan indispensables para disfrutar del color y sus implicaciones y efectos, cuando es posible soñar o tener experiencias alucinógenas “full color” con los ojos cerrados. El color es vibración y al estar despiertos nos da su regalo visual, pero ese regalo no se minimiza al estar en otros estados no dependientes de lo físico, en los cuales igualmente se puede disfrutar del desfile de colores y quizás con más intensidad. Probablemente el lenguaje simbólico/platónico es mas fuerte que el fenómeno meramente material, vulgar, pasajero y efímero.


En resumen, básicamente estamos oscilando entre dos modalidades, una pasiva y una activa, constantemente cambiando el interruptor de manera automática (o muy planeada), ¿qué pasa si cada vez somos más cuidadosos de cuando es debido cambiar de modalidad? Y por ende responsables para decidir cuando necesitamos de la una o de la otra y poder así vivir más equilibradamente, más creativos y energizados.


¿Habían alguna vez pensado en esto? ¿Y si entran en el modo creativo dejan un comentario abajo al respecto?


¹ La gran cosa, mucho más de lo que realmente se es

² Invento coloquial de un amigo del autor del blog que significa: quizás y viene del inglés “perhaps”

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